La Marina de València

De frailes heroicos y mareados

Miramar. El blog de Francisco P. Puche, cronista de València. Artículo III
13/9/2018


"El navío que nosotros vamos es muy hermoso, y aunque ay de más grandes, tiene 70 pasos de largo, de ancho será como la iglesia de Museros, y desde el suelo hasta los balcones será de alto como la iglesia de San Onofre..." Hacia el año 1750, el misionero valenciano José Reig, obviamente oriundo de Museros, escribe a sus padres la última carta antes de que la flota de Indias zarpe del puerto de Cádiz hacia Veracruz. Va a emprender un viaje que le alejará de España quizá para siempre y aunque antes había estado en Valencia y su maltrecho puerto de cabotaje, ahora, extasiado, transmite a la familia sus impresiones sobre unos buques para él enormes y poderosos, que no sabe comparar sino con que lo que tiene a mano en la memoria, la parroquia del pueblo y la ermita del santo.

Este verano, sin prisa, ha sido un placer especial poder recuperar libros en su día apenas vistos y olvidados. Este estupendo prólogo de Vicent Ribes Iborra, del que tomo la cita del padre Reig, nos introduce ("Misioneros valencianos en Indias". Tomo I". 1992) en la valentía y determinación de unos hombres que, llevados de la obediencia y la fe religiosa emprendieron un camino esforzado gracias al que fue posible la evangelización y también la civilización de la primera California, desde el actual México hasta Los Ángeles. Porque se recuerda al mallorquín Junípero Serra, pero los trabajos que se prepararon en Valencia alrededor de 1992, con motivo del 5º Centenario del descubrimiento, rescataron de las sombras a casi 300 misioneros que un día se hicieron a la mar, arriesgadamente; gente que se hacía al mar, muchas veces sin haberlo visto nunca, por haber nacido en pueblos del interior del viejo Reino.

Puerto de Cádiz

Vicent Ribes se encargó de rescatar la portentosa biografía que Isidro Félix de Espinosa hizo del evangelizador Antonio Margil de Jesús, nacido en el barrio del Mercat, bautizado en los Santos Juanes y religioso profeso en el Convent de la Corona. Pero al mismo tiempo que nos recobró la figura del fundador de la misión de San Vicente Ferrer, al sur de San Diego, nos fue desgranando detalles sabrosos de barcos y tempestades, de viajes horribles y mareos insignes, de frailes santos que temían ser abiertos en canal por piratas sanguinarios antes de ver siquiera la tierra donde habían de predicar la palabra santa.

Nunca habían pisado un barco y los metían en Valencia, o en Dènia, en el primero que veían  en su vida; para hacer el "aperitivo" de la travesía hasta Cádiz. Allí era costumbre esperar en tierra a que se organizara la flota y atender, durante días o semanas, a las explicaciones de otros misioneros, ya veteranos, que les adiestraban en las costumbres del mundo que iban a evangelizar: indios de buen talante en general, pero también otros menos propensos a la amistad con los españoles; indias de poca ropa en el cuerpo y bellos ojos oscuros que acarreaban niños colgados del pecho.... Y animales nunca vistos, especies fabulosas, plantas desconocidas, insólitas florestas, peligrosas fieras que acechan en los bosques... en ríos tan anchurosos como un mar.

El profesor Vicent Ribes, en el libro, nos señala que el dominico José Reig, hijo de unos labradores de Museros, no quiere consolarles con bonitas frases, sino que les transcribe con realismo inaudito cómo se halla "después de averme jorobado tanto el clima del mar, pues al segundo día empecé a marearme; esto es a arrojar cuanto tenía en el cuerpo, y en catorce días no cessé de echar flemas por la mañana, y por la tarde,  unas verdes, y otras amarillas, y con mucha abundancia, de suerte que me dejaron a punto de morir..."

Entre sesenta y noventa días de navegación, entre Cádiz y Veracruz, daban para mucho, aunque poco tenía calidad de bueno. Imaginemos cuando el buen cura de Museros leyera a la madre del heroico predicador José Reig la trapisonda horrible del mareo... Seguro que aquella madre sufrió más que la de un astronauta lanzado al espacio y dispuesto a desembarcar en Marte.

003 Un habitante de la Amazonia